¿Puede Gorgo ganar una victoria cultural sin declarar guerras en Civilization VI?

¿Qué pasa cuando tomás a una de las líderes más belicosas de Civilization VI y la obligás a convertirse en una embajadora de la paz?

Ese fue el objetivo de este nuevo Laboratorio Estratégico. La protagonista fue Gorgo de Grecia, una líder cuya habilidad está diseñada para premiar la guerra, ya que obtiene cultura cada vez que derrota unidades enemigas. El pequeño detalle es que en este desafío no podíamos declarar guerras bajo ninguna circunstancia.

La partida arrancó con varios objetivos secundarios: fundar una religión propia, establecer ciudades junto a maravillas naturales, convertir una de ellas en parque nacional y aprovechar a los bárbaros como una peculiar “granja de cultura”. Porque si cada enemigo derrotado genera cultura, quizás los bárbaros no sean un problema… sino un recurso renovable.

Entre volcanes que no paran de entrar en erupción, exploraciones por la cuenca de Uvs Nuur, la construcción del Oráculo de Delfos y una expansión constante por el mapa, Grecia comenzó a transformarse lentamente en una potencia turística.

Un poco de historia

Gorgo fue reina de Esparta y esposa de Leónidas I, el célebre rey de los 300. A diferencia de la mayoría de las mujeres de su época, tuvo una importante influencia política y aparece mencionada en varias fuentes históricas como una figura inteligente y respetada dentro de la sociedad espartana.

En Civilization VI esa personalidad se traduce en una habilidad militar extremadamente agresiva. Por eso intentar conseguir una victoria cultural sin iniciar conflictos es, cuanto menos, una idea cuestionable.

O como diría cualquier espartano: resolver un problema sin usar la guerra suena sospechosamente ateniense.

La primera fase del experimento terminó con cinco ciudades fundadas, una religión establecida y los cimientos de una futura potencia turística. Ahora queda la pregunta más importante: ¿podrá una líder criada para la guerra conquistar el mundo mediante cultura y turismo?

Porque una cosa es construir templos.

Y otra muy distinta es convencer a todo el planeta de visitarlos.

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